Cómo ser “conservador-liberal-socialista”

Leszek KolakowskiEl laureado filósofo e historiador polaco Leszek Kolakowski (1927-2009), recientemente fallecido, tituló -provocativamente- Cómo ser conservador-liberal-socialista un artículo suyo que fue publicado, en 1978, por la revista Commentarie, fundada por Raymond Aron. Esa misma revista lo vuelve a publicar ahora (n° 127, de 2009), en recuerdo del autor, cuya desaparición sumió en duelo a Polonia (el Parlamento de ese país guardó silencio en su honor). Kolakowski había sido comunista en su juventud. Profesor universitario, pronto criticó al régimen de su país. Primero, desde una óptica marxista. Después, en cuestionamientos que se hicieron más radicales. En 1966 fue excluido del Partido. Exiliado de su Polonia natal, enseñó en Canadá, Estados Unidos y, finalmente, en Oxford (Reino Unido).

Abordó en sus numerosas obras temas religiosos, filosóficos, históricos y políticos. Suya es una monumental Main Currents of Marxism , en tres volúmenes. Su pensamiento sigue teniendo actualidad. Por eso, me pareció útil hacer una síntesis del citado artículo de Kolakowski, sobre la base de transcripciones de parte de su texto.

Dice nuestro autor:
“Un conservador cree firmemente:

  1. Que, en la vida de los hombres, no hubo ni habrá mejoras que no sean pagadas con deterioros y males; así, cuando se encara un proyecto de reforma que tiende a obtener un bien, es necesario determinar sus costos. Una sociedad sin ninguna libertad y ninguna igualdad puede perfectamente existir, pero no un orden social en el que reinarían una igualdad y una libertad absolutas. Dicho de otra manera, no hay, en la historia, un happy end .
  2. Que no sabemos si diversas formas tradicionales de la vida social -como los rituales familiares, la nación, las comunidades religiosas- son necesarias para hacer la vida en sociedad tolerable o aun posible. Sin embargo, no hay razones para creer que, destruyendo estas formas o denunciando su carácter irracional, aumentaremos nuestras posibilidades de felicidad, paz, seguridad o libertad. No sabemos, ciertamente, qué pasaría si -por ejemplo- la familia monogámica fuera suprimida, o bien si la costumbre consagrada por el tiempo de enterrar a los muertos fuera reemplazada por un reciclaje racional de los cadáveres, con fines industriales. Podríamos esperar lo peor.
  3. Que la idea de la filosofía de las Luces -a saber, que la envidia, la vanidad, la codicia y el instinto de agresión tienen siempre por causa las instituciones sociales defectuosas y desaparecerán cuando esas instituciones sean reformadas- no es sólo inverosímil y contraria a la experiencia, sino extremadamente dañosa. Nutrir la esperanza de que se podrá institucionalizar la fraternidad, el amor, el altruismo, es preparar -seguramente- el advenimiento del despotismo.

Un liberal cree firmemente:

  1. Que la vieja idea según la cual la finalidad del Estado es la seguridad guarda todo su valor. Ello es así si se extiende la noción de seguridad hasta incluir no sólo la protección de las personas y de los bienes bajo la ley, sino también un sistema que impida que un hombre muera de hambre por carecer de trabajo, o de cuidados médicos, y que garantice a los niños el acceso a la educación gratuita. Estas obligaciones forman parte, igualmente, de la seguridad.
  2. Que las comunidades humanas están amenazadas. cuando están organizadas de tal manera que no hay más lugar para la iniciativa individual y la facultad de creación. El suicidio colectivo de la humanidad es concebible, pero no un hormiguero humano permanente, por la sencilla razón de que no somos hormigas.
  3. Que es altamente improbable que una sociedad en la que toda forma de competencia ha sido aniquilada pueda conservar los estímulos necesarios para la facultad creativa y para el progreso. La igualdad perfecta es un ideal que se vuelve contra sí mismo.

Un socialista cree firmemente:

  1. Que las sociedades en las que la búsqueda del beneficio es el único factor de regulación del sistema de producción están amenazadas por catástrofes tan penosas. como las sociedades donde el estímulo de ganancia ha sido totalmente suprimido. Existen buenas razones para restringir la libertad de las actividades económicas si se lo hace con una finalidad de seguridad. Pero las restricciones a la libertad deberán ser llamadas por su nombre y no presentadas como una forma superior de libertad.
  2. Que es absurdo e hipócrita concluir -sobre la base de que una sociedad perfecta y exenta de conflictos es imposible- en que las desigualdades de todo tipo son inevitables y que resultan justificadas todas las maneras de obtener un beneficio material. Este pesimismo antropológico típicamente conservador, que ha llevado a la sorprendente afirmación de que un impuesto progresivo sobre las rentas es abominable e inhumano, es tan sospechoso como el optimismo histórico que ha servido de base al Archipiélago de Gulag [alusión del autor a la obra de Solyenitzin].
  3. Que debe ser favorecida la tendencia a someter la economía a importantes controles sociales tales controles, sin embargo, se deben ejercer en el respeto a las normas de la democracia representativa. Por ello, es necesario prever mecanismos que contrabalanceen la amenaza que sobre la libertad producen los citados controles”.

El texto de Kolakowski termina afirmando: “Por lo que puedo juzgar, estas ideas directrices no se contradicen en absoluto. Se puede ser, entonces, un conservador-liberal-socialista, lo que equivale a decir que estos tres calificativos representan opciones que no se excluyen mutuamente”.

Enrique Tomás Bianch
Secretario letrado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
La Nación, Buenos Aires
31.12.2009


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