El Papa, un referente moral

Juan Pablo II fue una autoridad esencial y un referente moral durante todo el proceso de apertura que vivió Polonia y que sería posteriormente ‘imitado’ por otros países comunistas. Ya desde su primer gran evento religioso, en octubre de 1978, pronunció aquella frase que sentaría las bases de su pontificado: “No tengáis miedo de dar la bienvenida a Cristo y aceptar su poder. A su poder salvador abrid las fronteras de los Estados, los sistemas económicos y políticos”. En su segunda visita pastoral - seis meses después de la primera a México y Santo Domingo - cuando no llevaba aún un año como pontífice, viajó a Polonia, país que visitaría en nueve ocasiones sin dejar de entrevistarse nunca con los opositores y brindarles su apoyo. No viajó tanto a ningún otro país y su figura legitimó con su autoridad moral el trabajo de la oposición. En 1979, de nuevo, ante miles de personas, Wojtyla repitió en Varsovia la frase que habría de ser un lema para los opositores: “No tengáis miedo”.

Juan  Pablo II, referente moral

Su mensaje iba dirigido a los opositores de un régimen económico que ya había calificado de “error antropológico”, pero también a una dictadura que no respetaba la libertad de culto y que convertía a los cristianos en ciudadanos de segunda.  Su labor fue tan importante como elemento de presión internacional, que el propio Lech Walesa reconocería: “Sabemos lo que el papa ha logrado. Le corresponde el cincuenta por ciento del colapso del comunismo”.

 “La figura del Papa Juan Pablo II fue muy importante a nivel nacional y a nivel internacional. De puertas adentro dio mucha fuerza a la gente, mientras que de puertas afuera popularizó el conflicto y metió presión internacional al mostrarse abiertamente a favor de la democratización de la Europa comunista. Él daba testimonio con su vida de lo que ocurría en los países del Este”, explica el historiador Ernest Kowalczyk, que también destaca a otras figuras de la iglesia, menos conocidas a nivel internacional pero muy influyentes en Polonia, como fue el caso del sacerdote de Varsovia, Jerzy Popieluzsko. “Popieluzsko era un hombre muy querido porque hablaba muy claro y tenía una gran capacidad de movilización. Fue considerado un hombre peligroso para el régimen y secuestrado por miembros de los servicios secretos comunistas, que lo torturaron hasta matarlo. Es el mártir de Solidaridad”, concluye.

Te Interesa, España
03.06.2014


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